Cansado de pensar demasiado, de tener la cabeza llena de ideas, de sueños, de cosas que quiero hacer y que, por una razón u otra, nunca consigo llevar a cabo.
Tengo mil cosas en la cabeza. Mil proyectos, mil sueños, mil veces imaginando cómo sería mi vida si algún día consiguiera todo aquello que deseo. Ese coche que tantas veces he imaginado conduciendo. Esa casa que sueño con convertir en mi hogar. Un lugar donde sentir que, por fin, llegué a algún sitio. Un espacio donde poder respirar tranquilo y decir: “lo conseguí”.
Pero pasan los días, los meses, los años… y sigo aquí.
Pensando. Intentando. Caminando.
Y a veces siento que camino muchísimo, pero no avanzo.
Me esfuerzo, me levanto, vuelvo a intentarlo, pienso en nuevas ideas, busco nuevas formas de conseguirlo… pero muchas veces termino en el mismo lugar: agotado, sin fuerzas y con la sensación de que mis propios pensamientos pesan demasiado.
Porque no es que no quiera hacerlo.
Es que quiero hacer tantas cosas que termino sin poder hacer ninguna.
Quiero construir algo. Quiero cambiar mi vida. Quiero cumplir mis sueños. Quiero demostrarme a mí mismo que puedo. Pero mientras más lo deseo, más grande parece la distancia que hay entre lo que tengo y lo que quiero conseguir.
Y eso duele.
Duele mirar tus sueños y sentir que se alejan.
Duele tener ideas que sabes que podrían convertirse en algo, pero no encontrar la fuerza, el tiempo, el dinero o simplemente el camino para hacerlas realidad.
Duele ver pasar los días mientras dentro de ti sigues pensando en todo aquello que todavía no has conseguido.
Y entonces llega el cansancio.
Ese cansancio que no se quita durmiendo.
El cansancio de la mente. El cansancio de luchar contigo mismo. De exigirte más. De pensar que deberías estar más lejos, tener más, haber conseguido más.
A veces simplemente quisiera dejar de pensar.
Dejar de imaginar todo lo que podría ser.
Dejar de preguntarme cuándo llegará mi momento.
Solo descansar.
Pero incluso cuando intento descansar, mi cabeza sigue caminando.
Y sigo buscando una solución.
Camino sin saber exactamente hacia dónde. A veces con esperanza, otras veces completamente perdido. Pero sigo caminando porque, aunque esté cansado, hay una parte de mí que todavía no quiere rendirse.
Quizás algún día consiga ese coche.
Quizás algún día tenga esa casa, ese hogar que tanto deseo.
Quizás algunas de esas ideas se conviertan en realidad y otras simplemente queden atrás.
No lo sé.
Lo único que sé es que ahora mismo estoy cansado.
Muy cansado.
Y quizá necesito dejar de exigirme tener todas las respuestas.
Quizá no tengo que conseguirlo todo de golpe.
Quizá hoy simplemente necesito respirar, descansar un poco y recordar que no conseguir todavía aquello que sueño no significa que haya fracasado.
Sigo aquí.
Sigo caminando.
Y aunque hoy no encuentre la solución, quizá mañana vea un camino que hoy no soy capaz de ver.
Por ahora, solo necesito fuerzas para dar un paso más.
